lunes, 19 de marzo de 2012

Es un sentimiento, no puedo parar.


¿Por qué te gusta Argentina? Millones de veces me han hecho esa pregunta. Por salir con la camiseta de Boca a la calle; por gritar un gol de la selección, ya lo metiera Messi, Zanetti, Batistuta, Tévez, Crespo o Román; por trasnochar para ver un partido de Boca o por tararear sin motivo el "Esta es la banda loca de la Argentina...". 


Me gusta por muchísimos motivos. Me gusta porque son un pueblo que se sienten dichoso de serlo, en las buenas y en las malas. Porque trasladan una imagen de orgullo por una bandera, un país y unos colores que nadie en el mundo puede igualar. Me gusta porque llevo desde pequeño viendo partidos de la albiceleste y nunca he visto a su afición callada. Me gusta porque he ido de vacaciones a Torremolinos durante un Mundial y, después de ganar a Grecia con los goles de Martín y Demichelis, he visto salir una cabalgata de argentinos cantando y festejando una victoria en la fase de grupos, aquí, en España. Me gusta porque, aunque yo no sea argentino, también me siento orgulloso de ponerme esa camiseta por lo que representa. Me gusta porque aunque al día siguiente tenga unas ojeras como las de Kung Fu Panda, ver a la 12 festejando un gol en la Libertadores no tiene precio.



Podría seguir así durante horas y más horas. Es normal que a la gente le extrañe que festeje más una victoria de Argentina que una de España, o que en Twitter cante más un gol de Mouche que uno de Iniesta (fácil de explicar, al Barça lo veo en la tele y a Boca en el ordenador, tengo Twitter más a mano). Pero tendrán que aprender a comprenderlo, si desde pequeño me he criado viendo a un estadio cantando "Vamos vamos Argentina, vamos vamos a ganar..." al final esas cosas marcan. Y, a lo mejor tal vez por encima de todos estos motivos, me gusta Argentina, me gusta Boca y me gusta la selección porque viven las cosas como hay que vivirlas y como me gusta vivirlas a mí: como si nos fuese la vida en cada vez que respiramos. 
Porque todo lo que hacemos o lo que intentamos hacer es motivo de orgullo y, lo consigamos o fracasemos, no hay que arrepentirse si se está seguro de que lo que se quiere hacer está bien o es justo.
A lo mejor me equivoco, pero me gusta esta forma de pensar, esta forma de ver las cosas y de vivirlas.

CORONADOS DE GLORIA VIVAMOS O JUREMOS CON GLORIA MORIR

jueves, 15 de marzo de 2012

Guau!

Llegaste siendo un cachorro y nunca creciste. Tu tamaño era motivo de burla y de señoras que se paraban por la calle a comprobar lo pequeña que eras. ¿Qué querrían? Eras un yorkshire toy, pesabas un kilo y eras el mejor perro que alguien podría querer.

De acuerdo, no ibas a recoger la pelota, no eras un pastor alemán y encima, cuando corrías, cojeabas de una pata para coger velocidad. Cambiaste conmigo de sofá, de casa y llegaste a dormir en mi habitación. Aprovechabas cualquier despiste para hacer alguna trastada y comerte cosas que no debías, desde restos de cocido hasta Ferrero Rocher que veías a tu alcance. Y aunque siempre me obligabas a reñirte cuando lo hacías mal, ahora lo veo con cariño y daría cualquier cosa por volverte a castigar a tu cesto.

Conmigo has vivido todos los partidos posibles del F.C. Barcelona y del Athletic con mi padre. Has ladrado y has saltado con los goles, no sé si por nuestra celebración o por estímulo al oír al comentarista. Llegaste a reconocer el tono del narrador cuando había peligro y hasta parecía que entendías más de fútbol que cualquier tertuliano de Punto Pelota. El día del 5-0 en el Camp Nou no tuviste descanso y, hasta cuando el Inter nos echó de Europa parecías más triste que de costumbre. Si es que incluso el día antes de dejarnos celebraste un triple decisivo mientras jugaba al 2K12.

Pero todo eso quedó atrás. No quiero recordarte como hoy, malviviendo tus últimas horas y sin ser tú. Sin ser el cachorro que llegó a la casa antigua, sin ladrar de esa forma que odiábamos cuando íbamos de viaje, sin correr por las escaleras cuando oías unas llaves, sin montarme un escándalo cada noche por salir al baño a quitarme las lentillas o por celebrar en silencio un gol de Boca en medio de la noche.

Quiero que esto sirva para desahogarme, para poder releerlo cuando ya no nos duela y sonreír. Hoy, cuando ya no estabas, hemos estado recordando trastadas, viajes contigo y anécdotas que nos han hecho aplacar un poco tu ausencia. Mucha gente no me entenderá, no llegarán a comprender que mamá y Cristina hayan llorado al verte en el veterinario, pero siempre has sido un miembro más de nuestra familia. Has recorrido España de punta a punta con nosotros, de Almería a Santander, de Cádiz a Alicante. Has desayunado con nosotros y nos has despertado más de un día ladrando sin mayor motivo. Has comentado conmigo partidos de fútbol, gruñendo cuando hablábamos del partido y ladrando con las celebraciones. Lo único que espero ya es que hayas vivido bien, que los 11 años que nos duraste los hayas disfrutado y que no hayas sufrido hasta esta mañana, cuando ya era irremediable.

Si alguna vez tengo otro perro, nunca será como tú, nunca tendrá la magia de ser el primero y siempre será el que venga detrás de ti. Ojalá te lleves tanta paz como has dejado y hayas disfrutado de nosotros como tú nos has hecho disfrutar contigo.

Gracias, Piluca.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Quilmes, el sabor del encuentro

Aprovechando que he recuperado mi querido ordenador (que me ha costado más que encontrar a Wally en las gradas del Calderón), voy a cambiar de tercio y, sin que sirva de precedente, voy a dejar de lado mis ideas.
Es momento de estrenar el blog con contenido académico:  esta entrada contiene anuncios de la que, para mí, es la empresa que mejores comerciales emite en televisión, la cervecera Quilmes.